Thursday, October 12, 2006

Frente a las intimidaciones de los islamistas: ¿Qué debe hacer el mundo libre?

Robert Redeker autor del articulo con ese titulo analiza la amenaza que representa el islamismo a occidente y todos nuestros valores,y por eso mismo tiene que vivir bajo vigilancia policiaca y en un refugio debido a las amenzas contra su vida:
Las reacciones suscitadas por el análisis de Benedicto XVI sobre el islam y la violencia se inscriben en la tentativa llevada a cabo por este islam para ahogar lo más precioso que existe en Occidente y de lo que carecen todos los países musulmanes: la libertad de pensamiento y de expresión.
El islamismo intenta imponer a Europa sus reglas: apertura de piscinas a ciertas horas sólo para mujeres, prohibición de hacer caricaturas sobre esta religión, exigencia de un tratamiento dietético particular para los niños musulmanes en los comedores escolares, combate sobre el porte del velo, acusación de islamofobia contra los espíritus libres.
¿Cómo se explica esta prohibición del "top less" en las playas de París este verano? El argumento aducido era extraño: peligro de "disturbios de orden público". ¿Significaría esto que bandas de jóvenes frustrados corrían el riesgo de convertirse en violentos ante la constatación de la belleza? ¿o bien se temía a las manifestaciones islamistas, brigadas de la virtud interpuestas, en las cercanías de estas playas?
Sin embargo, lo más lógico es pensar que la no-prohibición del velo en las calles "perturba el orden público" más que el "top less", porque la prohibición supone reprobar lo que el velo significa de apoyo a la opresión contra las mujeres. No es aventurado pensar que la no-prohibición del velo en las calles traduce una islamización de los espíritus en Francia, una sumisión más o menos consciente a los diktats del islamismo. O, al menos, que es fruto de la insidiosa presión musulmana sobre los espíritus. Islamización de los espíritus: son los mismos que se elevan contra la inauguración de un atrio "Juan Pablo II" en París, los que no se oponen a la construcción de mezquitas. El islamismo intenta obligar a Europa a plegarse a su visión del hombre.
Como sucedía con el comunismo, el Occidente se encuentra bajo vigilancia ideológica
. El islamismo se presenta, a imagen del difunto comunismo, como una alternativa al mundo occidental. A semejanza del comunismo de antaño, el islamismo, para conquistar los espíritus, toca la cuerda sensible. Se engríe con una legitimidad que perturba la conciencia occidental, pendiente del otro: ser la voz de los pobres del planeta. Ayer, la voz de los pobres pretendía venir de Moscú, ¡hoy vendría de La Meca! Hoy de nuevo los intelectuales encarnan este ojo vigilante del corán, como ayer encarnaron el ojo vigilante de Moscú. Excomulgan por "islamofobia" como ayer lo hacían por "anticomunismo". En la apertura hacia el otro, propia de Occidente, se manifiesta una secularización del Cristianismo, cuyo fondo se resume así: el otro debe tener siempre preferencia sobre yo. El occidental, heredero del Cristianismo, es el ser que pone su alma al descubierto. Asume el riesgo de parecer débil. Igual que el difunto comunismo, el islam considera que la generosidad, la apertura de espíritu, la tolerancia, la dulzura, la libertad de la mujer y de las costumbres, los valores democráticos, son señales de decadencia. Se trata de debilidades que quiere explotar por medio de "tontos útiles", esas "buenas conciencias" imbuidas de "buenos sentimientos", a fin de imponer el orden coránico en el mismísimo mundo occidental.
El corán es un libro de inaudita violencia. Máxime Rodinson enuncia, en la Encyclopedia Universalis, algunas verdades tan importantes como tabúes en Francia. De una parte, "Mahoma reveló en Medina unas cualidades insospechadas de dirigente político y jefe militar (...). Recurrió a la guerra privada, institución corriente en Arabia (...). Mahoma, enseguida envió pequeños grupos de sus partidarios a atacar las caravanas mecanas, castigando así a sus compatriotas incrédulos y al mismo tiempo adquiriendo un rico botín".
Pero, de otra parte, "Mahoma aprovechó este éxito para eliminar de Medina, haciéndolos masacrar, a la última tribu judía que permanecía allí, los Urayza, a los que acusaba de tener un comportamiento sospechoso". En fin, después de la muerte de Jadiya esposó a una viuda, buena administradora, Sauda, e igualmente a la pequeña Aixa, que apenas tenía 10 años. Sus inclinaciones eróticas, largo tiempo reprimidas, le hicieron contraer una decena de matrimonios".
Exaltación de la violencia: jefe guerrero despiadado, saqueador, masacrador de judíos y polígamo, tal se revela Mahoma a través del corán.

Es cierto que la Iglesia Católica no está exenta de reproches. Su historia está jalonada de páginas negras sobre las que ha mostrado arrepentimiento. La Inquisición, la caza de brujas, la ejecución de los filósofos Bruno y Vanini, aquellos epicúreos mal pensantes o la del caballero La Barre por impiedad, en pleno siglo XVIII, no juegan a su favor. Pero lo que diferencia el Cristianismo del islam es lo siguiente: en el primero, siempre es posible retornar a los valores evangélicos, a la dulce persona de Jesús contra las derivas de la Iglesia.
Ninguna de las faltas de la Iglesia echa sus raíces en el Evangelio. Jesús no es violento. La vuelta a Jesús es un recurso contra los excesos de la institución eclesial. Por contra, la vuelta a Mahoma refuerza el odio y la violencia. Jesús es un maestro de amor, Mahoma un maestro de odio.
La lapidación de Satán, que se realiza anualmente en La Meca sólo es un fenómeno supersticioso. No sólo saca a escena a una turba histérica que flirtea con la barbarie. Su alcance es antropológico. He aquí un rito al que se invita a someterse a todos los musulmanes que inscribe la violencia como un deber sagrado en el corazón del creyente. Esta lapidación, acompañada anualmente de la muerte por aplastamiento de numerosos fieles (a veces centenas) es un rito que cobija la violencia arcaica. En lugar de eliminar esta violencia arcaica, a imitación del Judaísmo y el Cristianismo, neutralizándola (en el Judaísmo, mediante el rechazo del sacrificio humano, o sea, la entrada en la civilización; en el Cristianismo, transformando el sacrificio en Eucaristía), el islam le confecciona un nido a cuyo calor pueda crecer. Mientras el Judaísmo y el Cristianismo son religiones cuyos ritos conjuran la violencia, deslegitimándola, el islam es una religión que en su propio texto sagrado, al igual que en ciertos de sus ritos banales, exalta la violencia y el odio.
Odio y violencia pueblan el libro en el que todo musulmán se educa, el corán. Como en los tiempos de la guerra fría, violencia e intimidación son las vías utilizadas por una ideología de vocación hegemónica, el islam, para asentar una capa de plomo sobre el mundo.

Benedicto XVI sufre esta cruel experiencia. Como en los tiempos anteriores, hay que llamar a Occidente el "mundo libre" en relación con el mundo musulmán; y como en los tiempos anteriores, los adversarios de este "mundo libre", funcionarios fervorosos del ojo vigilante del corán, pululan en su seno.

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