Wednesday, May 30, 2007

Al qaeda y Siria estan detras de los ultimos combates en Libano

El Dr Walid Phares hace un analisis muy interesante de los ultimos combates registrados en Libano en la ciudad de Tripoli revela que es Fatha al Islam sus origenes quienes estan detras de ella (Al qaeda y Siria nada mas ni nada menos) y advierte que esto solo es el comienzo de una ofensiva que pretende derrocar al gobierno libanes en el verano
Esta mañana, al norte del Líbano, un grupo llamado Fatáh al Islam llevaba a cabo diversos ataques contra el ejército libanés matando a 25 soldados y perdiendo 15 miembros, además de bajas civiles. A esta hora aún resuenan los combates. Este suceso de seguridad, que podría estar teniendo lugar en muchas otras ubicaciones del problemático Oriente Medio, de Irak a Gaza y de Somalia a Afganistán, cobra sin embargo una dimensión especial. En la práctica marca la apertura de un nuevo frente en la guerra contra el terror de al Qaeda: el Líbano. He aquí los motivos;
Fatáh al Islam está radicado en el campamento palestino de Nahr al Bared, al norte de Trípoli, la segunda mayor ciudad del Líbano con mayoría sunní. El grupo es una escisión de otro grupo constituido con anterioridad, Fatáh al Intifada, ambos disidentes de la Autoridad Palestina encabezada por Mahmoud Abbás y ambos - esto es importante - financiados y respaldados por el servicio de Inteligencia sirio, el Mukahabarat. Pero Fatáh al Islam, constituido el pasado noviembre y encabezado por Shaker Absi, palestino, está vinculado directamente a al Qaeda. Absi era amigo del jordano Abú Musab al Zarqawi, abatido en un ataque aéreo norteamericano el año pasado. Desde su creación, Fatáh al Islam ha dicho a sus partidarios y a la población de las zonas en donde se entrena y opera que sigue la jihad de al Qaeda.
Fatáh al Islam pretende crear un "Emirato" (principado islamista de corte Talibán) en las zonas sunníes del Líbano, y está planeando llevar a cabo operaciones similares a las del Triángulo Sunní de Irak.
Pero según los expertos del gobierno libanés y los expertos en terrorismo, el grupo está siendo respaldado en secreto por el régimen sirio de Bashar Assad. La pregunta que surge en Occidente plantea la lógica de tener un presunto régimen baazista "secular" apoyando a una organización "fundamentalista islámica". En primer lugar, la lógica baazista consiste en utilizar a grupos para atacar a los enemigos del régimen y lograr objetivos estratégicos, pero éstos no tienen que ser partícipes necesariamente de su ideología panarabista: durante décadas, el régimen de Assad (padre) apoyó y utilizó al nacional socialista SSNP (partido neonazi sirio), al señor cristiano de la guerra Frangieh, al miliciano maronita Elie Hobeika, a las facciones socialistas árabes, al jihadista chi'í Hezbolá y sobre todo al entramado de redes jihadistas sunníes. De Trípoli a Sidón, el régimen de los Assad manipula al Harakat al Tawhid al Islami y a la Gamaat Islamiya, ambos grupos jihadistas similares a al Qaeda. Dentro de los campamentos palestinos del Líbano, el Mukahabarat sirio controla a distancia muchas agrupaciones - jihadistas en su ideología y enfoque, pero que se alimentan de la maquinaria baazista.
El Fatáh al Islam pertenece a los matrimonios de conveniencia más recientes entre jihadistas comprometidos que perteneciendo a la constelación de al Qaeda, gravitan alrededor de la influencia de Damasco. El grupo acepta el apoyo de Bashar y el régimen sirio tolera el enfoque "sunní" de la organización: ambos tienen un enemigo común, incluso si en el futuro se rebanan el cuello mutuamente. Los hombres de Bin Ladin en cualquier parte del mundo, el Líbano incluido, tienen el mismo orden de preferencias: derrocar a los gobiernos árabes y musulmanes moderados (hasta en sociedades multiétnicas) y reemplazarlos por Emiratos. Los hombres de Bashar Assad y Mahmoud Ahmedinijad tienen objetivos que convergen, derrocar al gobierno elegido democráticamente del Líbano y reemplazarlo con un régimen dominado por Hizbolá-Siria, como era el caso antes de 2005. Por tanto, ambos "ejes" tienen un único objetivo en el Líbano: aplastar al gobierno Seniora. Se tomarán su tiempo para lanzarse a la yugular mutuamente después.
Los combates de ahora entre la red terrorista vinculada a al Qaeda y el ejército libanés son un preludio de los preparativos terroristas encaminados a demoler la Revolución de los Cedros, tanto gobierno como sociedad civil, este verano. Es una maniobra del régimen de Assad encaminada a debilitar al gabinete y el ejército, con vistas a la ofensiva general más adelante por parte de Hezbolá en otro frente. En otras palabras, los estrategas de Damasco y Teherán han soltado a este grupo "local" de al Qaeda por Trípoli con el fin de arrastrar al gabinete libanés a combates marginales, desviando la atención de los dos sucesos importantes y altamente amenazantes para Assad: la inminente constitución del Tribunal de la ONU para el caso del asesinato de Rafiq Hariri, y el inminente despliegue de unidades de la ONU en la frontera sirio-libanesa.
Ambos avances pueden aislar al régimen sirio. De ahí que los ataques del Fatáh al Islam se puedan enmarcar como parte de una estrategia preventiva del eje Damasco-Teherán. Pero los resultados, si el ejército libanés fracasa a la hora de contener a los terroristas, podrían ser muy serios para el gobierno Seniora y la ONU. Lo que es peor, si la primera piedra de un Triángulo Sunní se pone en el Líbano, esto podría afectar globalmente a la geopolítica de la guerra contra el terror: la llegada del jihadismo salafista a las costas del Líbano, desde Trípoli a Sidón, pasando por Beirut. Este Emirato oficioso se convertiría en el enclave estratégico de Bin Ladin al lado de la Sexta Flota norteamericana, las ciudades de Europa e Israel.
Estados Unidos y Occidente afrontan ahora un nuevo suceso que no pueden permitirse que crezca sin supervisión: una base de al Qaeda al este del Mediterráneo. Las respuestas estratégicas solamente pueden ser dos: remodelar el ejército libanés para que pueda plantar cara a los jihadistas, y desplegar fuerzas multinacionales en las fronteras sirio-libanesas tan pronto como sea posible. El gobierno Seniora también tiene trabajo que hacer: sin perder tiempo tiene que instar al Consejo de Seguridad de la ONU a desplegar fuerzas en las fronteras, en cumplimiento de la resolución del Consejo 1559 y bajo el Capitulo 7. Los tres líderes principales de la mayoría del parlamento que apoya al gabinete han abierto el camino a tal maniobra: Saad Hariri, líder de la comunidad sunní, ha condenado al Fatáh al Islam como una amenaza para los musulmanes; Walid Jumblat, líder de los drusos y los socialistas ya ha pedido la intervención militar de la ONU; y por último pero no menos importante, los diversos partidos cristianos opuestos a Assad han acusado al régimen sirio de prender el terror. Todos los planetas se alinean ahora para un movimiento exitoso contra al Qaeda en el Líbano antes de que sea demasiado tarde. Pero la pregunta es: ¿aprovecharán la coyuntura los políticos libaneses?

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