Monday, March 26, 2007

Las dificiles opciones de europa

En el siguiente articulo Daniel Pipes analiza los diferentes escenarios de lo que puede pasar en europa con la inmigracion musulmana

Por Daniel Pipes
Las relaciones a largo plazo de Europa con su emergente minoría musulmana, el tema más crítico del continente, seguirán uno de estos 3 caminos: integración armoniosa, expulsión de los musulmanes, o toma de control islámica. ¿Cuál de estos escenarios es más probable que se convierta en realidad?
El futuro de Europa tiene una enorme importancia no solamente para sus residentes. Durante medio siglo, 1450-1950, este 7% de la masa continental del mundo protagonizó la historia mundial; su creatividad y vigor inventaron la modernidad. Puede que la región haya perdido ya esa posición crítica de hace 60 años, pero sigue siendo vitalmente importante en términos económicos, políticos e intelectuales. En qué dirección se decante, por tanto, tiene enormes implicaciones para el resto de la humanidad, y especialmente para sus países descendientes, como Estados Unidos, que históricamente han mirado a Europa como fuente de ideas, personas y bienes.
He aquí un examen acerca de la probabilidad de cada escenario.

I. Musulmanes en el poder
La difunta Oriana Fallaci observaba que, con el paso del tiempo, "Europa se convierte cada vez más en una provincia del islam, una colonia del islam". La historiadora Bat Ye'or ha denominado "Eurabia" a esta colonia. Walther Laqueur predice en su próximo Los últimos días de Europa que Europa tal como la conocemos está condenada al cambio. Mark Steyn, en América en solitario: el fin del mundo como lo conocemos, va más allá y argumenta que gran parte del mundo occidental "no sobrevivirá al siglo XXI, y gran parte de él desaparecerá en la práctica a lo largo de nuestras vidas, incluyendo muchos de los países europeos, por no decir la mayoría". Tres factores – fe, demografía y un sentimiento de herencia – argumentan en favor de una Europa islamizada.
Fe: un secularismo radical predomina en Europa, especialmente entre su élite, hasta el punto de creer la percepción de los cristianos (como George W. Bush) como mentalmente desequilibrados e inapropiados para los cargos públicos. En el 2005, a Rocco Buttiliglione, un distinguido político italiano y católico practicante, le fue negado un cargo como comisionado de Italia en la Unión Europea a causa de sus opiniones en temas tales como la homosexualidad. El secularismo obstinado también significa iglesias vacías: en Londres, estiman los investigadores, asisten más musulmanes a las mezquitas en viernes que cristianos a las iglesias el domingo, aunque la ciudad es residencia de 7 veces más cristianos de nacimiento que musulmanes de nacimiento a grosso modo. Mientras el cristianismo se evapora, el islam atrae; e Principe Carlos ejemplifica la fascinación de muchos europeos con el islam. Podría haber muchas conversiones en el futuro de Europa, tal como reza el dicho adscrito a G.KChesterton, "Cuando los hombres dejan de creer en Dios no es que no crean en nada; creen en cualquier cosa".
El secularismo de Europa da forma a su discurso de maneras muy pocos familiares para los americanos. Hugh Fitzgerald, exvicepresidente de JihadWatch.org, ilustra una dimensión de esta diferencia:
Las expresiones más memorables de los presidentes americanos han incluido casi siempre formulaciones bíblicas reconocibles... Esta fuente de fuerza retórica se hacía evidente este pasado febrero [del 2003] cuando volaba por los aires la lanzadera Columbia. De no haber sido una lanzadera americana la que explotó, sino francesa, y si Jacques Chirac tuviera que leer tal discurso, bien habría utilizado el hecho de que había 7 astronautas, y evocado la imagen de las pléyades mencionadas por primera vez en la antigüedad pagana. El presidente americano, en una solemne ceremonia nacional que comenzó y terminó con hebreo bíblico, hizo las cosas de manera distinta. Extrajo su texto de Isaías 40:26, que encabezó una transición directa de dudas mezcladas y sorpresa ante los señores celestiales propuestos por el Creador, al consuelo de la terrenal pérdida de la tripulación.
La boyante fe de los musulmanes, con su sensibilidad jihadista y supremacía islámica anexas, no podría diferir más de los cristianos europeos no practicantes. Este contraste conduce a muchos musulmanes a ver Europa como un continente listo para la conversión y la dominación. La supremacía descarada proclama resultados, tal como las declaraciones de Omar Bakri Mohammed, "Quiero que Gran Bretaña se convierta en un estado islámico. Quiero ver la bandera del islam ondeando en el 10 de Downing Street". O la predicción de un imán radicado en Bélgica: "Pronto tomaremos el control de este país. Aquellos que nos critican ahora, lo lamentarán. Tendrán que servirnos. Preparaos, porque la hora está cerca"[1].
Población: El colapso demográfico también señala una Europa islamizada. La tasa de fertilidad total en Europa hoy promedia 1,4 por mujer, mientras que sostener la población propia exige exactamente 2 hijos por pareja, o 2,1 hijos por mujer. La tasa existente es apenas dos tercios de la que sería necesario que fuera; un tercio de la población necesaria simplemente no está naciendo.
Con el fin de evitar una severa disminución de la población, con todos los temores que eso implica -- y específicamente la ausencia de trabajadores que financien los generosos planes de pensiones -- Europa necesita inmigrantes -- montones de ellos. Ese tercio importado de la población tiende a ser musulmán, en parte porque los musulmanes están próximos -- solamente hay 13 kilómetros desde Marruecos hasta España, solamente un par de cientos hasta Italia desde Albania o Libia; en parte a causa de que los vínculos coloniales continúan ligando el Sur de Asia a Gran Bretaña o el Magreb a Francia; y en parte a causa de la violencia, la tiranía y la pobreza tan prevalecientes en el mundo musulmán de hoy, lo que provoca oleada tras oleada de emigración.
De igual manera, la elevada fertilidad de los musulmanes complementa la escasez de hijos entre los cristianos originales. Aunque la tasa de fertilidad musulmana está cayendo, permanece significativamente por encima de la de la población nativa de Europa. Sin duda, las elevadas tasas de natalidad tienen algo que ver con las circunstancias premodernas en las que se encuentran muchas mujeres musulmanas de Europa. En Bruselas, "Mohammed" ha sido durante años el nombre más popular puesto a los bebés varones, mientras que Ámsterdam y Rótterdam están camino de ser, alrededor del 2015, las dos primeras ciudades europeas importantes con mayoría de población musulmana. El analista francés Michel Gurfinkiel estima que una guerra étnica urbana en Francia encontraría a los hijos de los indigènes y de los inmigrantes en un cociente uno a uno a grandes rasgos. Las predicciones actuales conciben una mayoría musulmana en el ejército de Rusia hacia el 2015 y en el país en conjunto para alrededor del 2050.
Sentido de herencia: Lo que con frecuencia es descrito como la corrección política de Europa refleja lo que creo es un fenómeno más profundo, verbigracia, la alienación de su civilización por parte de muchos europeos, una sensación de que su cultura histórica no es algo por lo que vale la pena luchar o salvar siquiera. Es chocante observar las diferencias dentro de Europa a este respecto. El país menos dado quizá a esta alienación es Francia, donde el nacionalismo tradicional aún conserva atractivo y el francés se enorgullece de su identidad. Gran Bretaña es el país más alienado, como simboliza el melancólico programa gubernamental "ICONS-un retrato de inglaterra", que débilmente espera reavivar el patriotismo conectando a los británicos con sus "tesoros nacionales" como [el osito] Winnie-the-Pooh o la minifalda.
Esta timidez ha tenido implicaciones directas y adversas para los inmigrantes musulmanes, como explicaba Aatish Tasir en la revista Prospect.
El carácter británico es el aspecto más nominal de la identidad para muchos jóvenes británicos paquistaníes... Si denigras tu propia cultura, corres el riesgo de que tus recién llegados busquen otra en otra parte. Hasta la fecha se viene dando este caso, que para muchos británicos paquistaníes de segunda generación, la cultura del desierto de los árabes tuvo más atractivo que la cultura británica o la subcontinental. Tres veces privados de una sensación firme de identidad, la visión extranacional enérgica del islam radical se convirtió en una identidad disponible para los paquistaníes de segunda generación.
Los inmigrantes musulmanes desprecian ampliamente la civilización occidental, y especialmente su sexualidad (la pornografía, el divorcio, la homosexualidad). En ninguna parte de Europa los musulmanes están siendo asimilados, y el matrimonio mixto raramente tiene lugar. He aquí un colorido ejemplo, procedente de Canadá: la madre del célebre clan Jadr, conocido como la familia real del terrorismo en el país, volvía a Canadá de Afganistán y Pakistán en abril del 2004 con uno de sus hijos. A pesar de su solicitud de asilo en Canadá, insistía públicamente apenas un mes antes que los campamentos de entrenamiento patrocinados por Al-Qaeda eran el mejor lugar para sus hijos. "¿Le gustaría que criase a mi hijo en Canadá para estar, para cuando tuviera 12 o 13 años, enganchado a las drogas o teniendo alguna relación homosexual? ¿Es mejor?"
(Irónicamente, en los siglos anteriores, como ha documentado el historiador Norman Daniel, los cristianos europeos miraban por encima del hombro a los musulmanes con sus múltiples esposas y harenes como sobre-sexualizados, y por tanto se sentían moralmente superiores).
Resumiendo: el primer argumento sostiene que Europa será islamizada, sometida discretamente a la posición de dhimmi o convertida al islam, porque el yin de Europa y el yang de los musulmanes encajan muy bien: baja y alta religiosidad, baja y alta fertilidad, baja y elevada confianza cultural. Europa es una puerta abierta a través de la cual están ingresando los musulmanes.

II. Musulmanes rechazados

¿O se cerrará la puerta en sus narices? El columnista americano Ralph Peters desecha el primer escenario: "Lejos de disfrutar de la perspectiva de tomar el control de Europa teniendo descendencia, los musulmanes de Europa están viviendo de prestado... las predicciones de una toma de control musulmana de Europa... ignoran la historia y la inerradicable perversidad de Europa". En su lugar, representando a Europa como el lugar "que perfeccionó el genocidio y la limpieza étnica", predice que sus musulmanes "tendrán suerte de ser deportados solamente", y no asesinados. Claire Berliski, en La amenaza de Europa: por qué la crisis del continente es también la de América, concuerda implícitamente al señalar "los antiguos conflictos y patrones... que ahora arrollan desde las brumas de la historia europea", bien podrían provocar violencia.
Este escenario dispone a los europeos originales -- que aún constituyen el 95% de la población del continente -- despertando un día y haciéndose notar. "¡Basta!" dirán, y reclamarán su posición histórica. Esto no es tan distante; un grupo irritado entre los europeos, menos entre la élite que entre las masas, denuncia en público los cambios ya en marcha. Ilustraciones de ese resentimiento incluyen la legislación anti-hijab de Francia, la irritación por las restricciones a las banderas nacionales y los símbolos cristianos, y la insistencia en servirvino en la cenas de estado. A comienzos del 2006 se desarrolló espontáneamente un movimiento en diversas ciudades francesas que sirve sopa de cerdo al pobre, excluyendo así a propósito a los musulmanes.
Esto son temas menores, cierto, pero los partidos insurgentes anti-inmigrantes han emergido ya en muchos países y están comenzando a exigir no solamente un control eficaz de las fronteras, sino la expulsión de los ilegales. Un movimiento nativista por toda Europa se está constituyendo frente a nuestros ojos inadvertidamente en gran medida. Al margen de lo escaso de su historial hasta la fecha, tiene un potencial enorme. Los partidos opuestos a la inmigración y el islam generalmente tienen contextos neofascistas pero se hacen cada vez más respetables a lo largo del tiempo, abandonando sus orígenes antisemitas y sus dudosas teorías económicas, y centrándose en su lugar en cuestiones de fe, demografía e identidad, y aprendiendo acerca del islam y los musulmanes. El partdo Nacional Britanico y el Vlaamse Belang de Bélgica ofrecen dos ejemplos de tal maniobra hacia la respetabilidad que un día podría acompañarse de aspiraciones electorales. La carrera presidencial en Francia en el 2002 se redujo a una competición entre Jacques Chirac y el neofascista Jean-Marie Le Pen.
Otros partidos han probado ya el poder. Jörg Haider y el Freiheits Partei Österreich estuvieron brevemente en el cargo. La Lega Nord de Italia formó durante años parte de la coalición en el poder. Probablemente se harán más fuertes porque sus mensajes anti islamistas y con frecuencia anti-islámicos calan, y los partidos principales adoptarán parcialmente sus mensajes. (El Partido Conservador de Dinamarca ofrece un modelo; tras 72 años en la oscuridad, volvió al poder en el 2001 básicamente a causa de la furia referente a la inmigración). Estos partidos probablemente se beneficien cuando la inmigración a Europa se dispare incontrolablemente hasta niveles nunca vistos, incluyendo quizá un exodo en masa procediente de africa, como muchos indicadores sugieren que sucederá.
Una vez en el poder, los partidos nacionalistas rechazarán el multiculturalismo e intentarán reestablecer los valores y normas tradicionales. Uno solamente puede especular acerca de sus medios y sobre la reacción musulmana. Peters explora los aspectos fascistas y violentos de algunos grupos y espera que una respuesta musulmana adopte formas amenazadoras. Incluso esboza un escenario en el que "barcos de la Marina norteamericana permanecen anclados y Marines americanos acuden a las costas en Brest, Bremerhaven o Bari con el fin de garantizar la evacuación segura de los musulmanes de Europa".
Durante años, los musulmanes han temido precisamente esa encarcelación y maltrato, seguidos de la expulsión e incluso masacres. Ya a finales de los años 80, el difunto Kalim Siddiqui, director del Instituto Musulmán de Londres, planteaba el fantasma de "cámaras de gas de estilo Hitler para los musulmanes". Shabbir Ajtar advertía en su libro de 1989 "cuidado con mahoma"que "la próxima vez que haya cámaras de gas en Europa, no hay duda respecto a quién estará dentro de ellas", aludiendo a los musulmanes. Un personaje de la novela de 1991 de Hanif Kureishi El Buda de los suburbios, prepara la guerra de guerrillas que espera seguirá después de que "los blancos se vuelvan por fin contra los negros y asiáticos e intenten obligarnos a entrar en cámaras de gas".
Pero es más probable que los esfuerzos europeos por la reclamación se inicien pacífica y legalmente, con los musulmanes -- en línea con los patrones recientes de intimidación y terrorismo -- siendo los que inician la violencia. Múltiples encuestas confirman que alrededor del 5% de los musulmanes britanicos aprueban los atentados del 7 de Julio, sugiriendo una disposición general a recurrir a la violencia.
Suceda como suceda, no se puede asumir que una reafirmación europea tenga lugar cooperativamente.
III. Musulmanes integrados

En el escenario más feliz, los europeos autóctonos y los inmigrantes musulmanes encuentran un modus vivendi y viven juntos armoniosamente. Quizá la declaración clásica de esta expectativa optimista fuera un estudio de 1991, La France, une chance pour l'Islam [Francia, una oportunidad para el islam] de Jeanne-helene y Pierre Patrick Kaltenbach. "Por primera vez en la historia", escribían, "al islam se le ofrece la oportunidad de despertar en un país democrático, rico, laico y en paz". Esa esperanza continúa. Una noticia central del Economist de mediados del 2006 afirma que "por el momento al menos, la perspectiva de Eurabia parece exagerada". También en aquel momento, Jocelyne Cesari, profesora asociada de estudios islámicos de la Harvard Divinity School, afirmaba que existe un equilibrio: igual que "el islam está cambiando Europa", decía, "Europa está cambiando el islam". Ella concluye que "los musulmanes de Europa no quieren cambiar la naturaleza de los estados europeos" y espera que se adapten al contexto europeo.
Tal optimismo, desafortunadamente, tiene poco fundamento. Los europeos aún podrían redescubrir su fe cristiana, tener más hijos, y adorar su propia herencia. Podrían animar la inmigración no musulmana o modificar a los musulmanes ya entre ellos. Pero tales cambios no están en marcha, ni sus perspectivas son buenas. En su lugar, los musulmanes están cultivando agravios y ambiciones enfrentadas directamente a sus vecinos originales. Inquietantemente, cada generación parece más alienada que su predecesora. El novelista canadiense Hugh MacLennan etiquetaba la separación inglés-francés de su país como "Dos departamentos"; uno ve algo similar, pero mucho más pronunciado, desarrollándose en Europa. Estas encuestas de musulmanes británicos, por ejemplo, concluyen que la mayoría de ellos percibe un conflicto entre sus identidades británica y musulmana, y quieren instituida la ley islámica.
La posibilidad de musulmanes aceptando los límites de la Europa histórica e integrándose sin problemas dentro de ella puede ser desechada virtualmente de consideración. Hasta BassamTibbi, un profesor de la Universidad Göttingen que con frecuencia ha advertido que "O el islam se europeíza, o Europa se islamiza" ha renunciado personalmente al continente. Recientemente anunciaba que abandona Alemania tras 44 años de residencia allí, para mudarse a la Universidad de Cornell en Estados Unidos.

Conclusión

Cómo resume el columnista americano Dennis Parger, "Es difícil imaginar un escenario para Europa Occidental distinto a islamizarse o tener una guerra civil". En la práctica, estos caminos alternativos absolutamente nada atractivos parecen definir las opciones de Europa, con fuerzas poderosas tirando en direcciones contrarias, musulmanes tomando el poder o rechazados, Europa como extensión del norte de África o en un estado de cuasi-guerra civil.
¿Cuál se cumplirá? Los sucesos decisivos que resolverán esta cuestión tienen aún que tener lugar, de modo que uno no puede decantarse aún. El momento decisivo se aproxima rápidamente, no obstante. En cuestión de la próxima década o así, el flujo de ahora terminará, la ecuación Europa-islam se despejará, y el curso futuro del continente se evidenciará.
Anticiparse correctamente a ese curso es más difícil por carecer históricamente de precedentes. Ningún territorio enorme ha cambiado nunca de una civilización a otra por obra y gracia de una población en colapso, fe e identidad; tampoco un pueblo se ha incrementado a una escala tan grande como para reclamar su patrimonio. La novedad y magnitud del dilema de Europa lo hace difícil de comprender, tentador de pasar por alto a propósito, y casi imposible de predecir. Europa nos hace entrar a todos en terra incognita.

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