Friday, September 21, 2007

Entrevista con el caricaturista amenazado por Al qaeda Lars Vilks

Lars Vilks (Helsingborg, Suecia, 1946) es un artista irreverente que acaba de entrar en un mercado macabro que ha puesto precio a su vida: 72.000 euros. El fanático que pide su cabeza -el terrorista Abu Omar al Baghdadi, vinculado a Al Qaeda- sube su recompensa hasta los 110.000 euros si al artista se le "sacrifica como un cordero". O sea, si se le degüella.
Vilks quiso poner a prueba los límites del arte y se ha dado de bruces con los límites de la libertad de expresión, con su propia vida en juego. No son buenos tiempos para la sátira. Vilks dibujó a Mahoma con cuerpo de perro, pero ninguna sala quiso exhibir sus caricaturas alegando siempre motivos de seguridad. Entonces, varios periódicos suecos las publicaron y empezaron a llover las condenas de los mismos que en 2006 llamaron a la guerra santa contra el periódico danés Jyllands-Posten por haber publicado caricaturas "ofensivas" del profeta: Irán, Pakistán, Afganistán, Egipto, Jordania, la Organización de la Conferencia Islámica...
Finalmente, llegó la amenaza envuelta de euros de Abu Omar al Baghdadi, que también ha ofrecido dinero para que se asesine al redactor jefe de Örebro, uno de los diarios que publicó la viñeta. Vilks, que ya no puede dormir en casa por motivos de seguridad, atendió a este periódico en conversación telefónica.
Pregunta. ¿Tiene miedo?
Respuesta. Obviamente, lo que estoy viviendo no es agradable, pero no tengo miedo. La policía se ha tomado en serio las amenazas y ya no puedo dormir en casa; voy cambiando de lugar y me parece todo muy extraño.
P. ¿Cuándo cree que podrá volver a casa?
R. No tengo ni idea. Nadie lo sabe, pero los agentes me han avisado que me prepare porque la situación puede alargarse. Quizá pasarán meses. Y entonces será el momento más peligroso porque ya no habrá nadie tan pendiente de mí...
P. Inicialmente usted se tomó las amenazas con humor. Incluso llegó a decir que le parecía demasiado barato el precio que han puesto a su cabeza teniendo en cuenta las cifras que se mueven en el mundo del arte. ¿Sigue de tan buen humor?
R. Es que el humor forma parte de mi obra y de mi forma de ver la vida. Lo mejor es integrarlo todo en esta clave; incluso esta situación tan extraña. Pero al mismo tiempo estoy preocupado. Sería absurdo negarlo.
P. Todo empezó con la negativa de las galerías de arte sueco a exponer su trabajo, en julio. ¿Qué opina de su actitud?
R. Alegaron motivos de seguridad y lo puedo entender, pero es una equivocación. Su decisión es innecesaria y contraproducente: es la censura lo que hace que el caso llegue a la prensa y el problema crezca. Es esta censura inicial lo que genera reacciones.
P. ¿Se han puesto en contacto con usted tras las amenazas?
R. No, ni lo esperaba.
P. ¿Qué pretendía con su obra? ¿Provocar?
R. Yo soy del mundo del arte y lo que quiero es discutir, debatir. El objetivo inicial afectaba a un público muy limitado: explorar los límites del mundo del arte. ¿Qué puede hacerse? ¿Qué no puede hacerse? ¿Hay que ceñirse a lo políticamente correcto? Éste era mi propósito, pero luego ya pasó todo a otro nivel.
P. ¿A qué nivel?
R. Al de la libertad de expresión. ¿Realmente todo puede ser criticable y objeto de sátira? ¿Debe haber excepciones? ¿Puede haberlas en nuestras sociedades? Es decir, ¿puedo hacer obras que molesten a unos, pero debo evitar entrar en terrenos que molestan a otros? Planteándolo con claridad: ¿debo hacer una excepción con la crítica al islamismo? Mi idea es que nuestras sociedades no pueden aceptarlo: la religión musulmana no puede quedar protegida de la crítica y la sátira.
P. ¿Cómo han reaccionado los musulmanes suecos?
R. Muy bien; estoy muy contento al respecto. En Suecia, las organizaciones musulmanas han manifestado tajantemente su rechazo a las amenazas a través de comunicados muy claros. En todo el país ni una sola voz ha defendido esta actitud intolerante. No se sabe exactamente quién está detrás de las amenazas, pero son exteriores.
P. Parece casi que está satisfecho con los resultados de su, digámoslo así, experimento.
R. Es que desde este punto de vista el balance es positivo. Sólo la ínfima minoría muy extremistas se queda fuera de este consenso. Todos aceptan que no se puede amenazar de muerte a alguien que ha hecho unas caricaturas que no te gustan.
P. Si pudiera volver atrás, ¿dibujaría de nuevo las mismas caricaturas sabiendo las repercusiones que han tenido?
R. Es difícil decirlo, pero creo que sí. Seguí con mi trabajo pese a considerar que esto que ahora sucede podía pasar, por increíble que parezca. Pero están en juego cuestiones muy importantes y el riesgo merecía la pena.
P. ¿No teme que la polémica se vuelva incontrolable, como sucedió en Dinamarca?
R. Este caso es distinto. Aquí no había ninguna agenda política oculta y en Dinamarca no estoy tan seguro de ello. Pero creo que nadie está interesado en que se repita lo que pasó entonces. Desde luego, la sociedad sueca lo ha dejado clarísimo.

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